viernes, 29 de febrero de 2008

El perro rampante


Año 10025. Los Perros son la especie dominante del Planeta. En una excavación arqueológica hallan siete placas escritas por un hombre cautivo por los canes donde éste reflexiona y reconoce con corazón sincero que Los Perros evolucionaron porque La Humanidad renunció a su marcha ascendente de evolución espiritual. Pero es ya demasiado tarde, el Hombre se extinguió hace 8000 años.
Año 10026. Medio Oriente. Los Canes descubren seis placas de otro humano cautivo, él narra –también con corazón de arrepentimiento- cómo Los Hombres hace 8000 años cayeron en la disparatada paradoja de “querer liberar al Mundo de la Libertad”, pero reconoce que el inconfesable motivo que los empujó a sumir al Planeta en el terror y la violencia fue la Envidia que sentían hacia los envidiados, Los Occidentales. Al final, los únicos beneficiados: Los Perros.

Su vida

Oriundo de la Provincia de San Juan, Argentina. Heredero del costoso privilegio de provenir de una familia que ofrendó por tres generaciones consecutivas no sólo sus talentos, sino también su fortuna -e incluso arriesgando sus vidas- por la causa de la Libertad. Todos ellos dejaron silenciosamente sus obras y bajaron al sepulcro con sus méritos, no como un gesto postrero, sino como signo de una conducta que marcó todas aquellas vidas inspiradas en la sabia aleación de un mensurado espíritu mundano y de la práctica de altas virtudes.
David Garro encontró en el seno de su hogar un santuario propicio para forjar desde temprana edad la conciencia de que el destino de nuestra especie es el de emprender las pesquisas de Tácito y la búsqueda de Diógenes, esto es, de La Verdad.
Pero en sus veinte años reniega de esa herencia rompiendo la formalidad de aquel ordenador y recto camino que le señalaran sus progenitores. En cambio, obedece su naturaleza rebelde que lo lleva a abandonar su circunstancia favorable y sus estudios de arquitectura, y de un modo laberíntico emprende un peregrinaje al Viejo mundo, a Medio Oriente y a África en el que empleará muchos años.
Ya de regreso en su Patria –y luego de dos matrimonios fallidos- decide abrazar la profesión de escritor, un poco por vocación y otro poco por la necesidad de continuar, desde esa actividad, la búsqueda –como todo digno hijo- del camino cierto de regreso a la casa de su Padre.